El barco tortuga (1): la construcción de una nave legendaria

El kŏbuksŏn o barco tortuga coreano es un caso único: una embarcación de aspecto extravagante, que sólo fue utilizada en unos años muy concretos, con un éxito tan arrollador que se considera que cambió el curso de la historia, y que pasó a convertirse en leyenda, pese a que su limitado uso ha provocado que hasta hoy sigan los debates sobre su verdadero aspecto.

Reconstrucción hipotética de un barco tortuga en el Memorial de guerra de Seúl. Fuente: Wikipedia - Barco tortuga.

Reconstrucción hipotética de un barco tortuga en el Memorial de guerra de Seúl. Fuente: Wikipedia – Barco tortuga.

La época del barco tortuga: la Guerra Imjin (1592-1598)

En 1592 Toyotomi Hideyoshi, unificador de Japón, decide lanzarse a la conquista apoyado en lo que Samuel Hawley define, en The Imjin War, como el mayor ejército del mundo en la época. Su objetivo (aparte de volcar al exterior la agresividad de los guerreros japoneses, demasiado acostumbrados a la guerra civil) es la conquista de Corea para, desde allí, invadir China.

La invasión de Corea es un éxito. En parte por la propia valía de las tropas invasoras, pero también por la incompetencia de los invadidos. En esta época Corea se halla dominada por una élite corrupta y endogámica, aislada de la realidad y más preocupada por repartirse cargos y prebendas entre sí que por proteger su país. Baste decir que no se ha hecho prácticamente nada para prepararse ante una invasión que lleva más de un año anunciándose; ni siquiera la descarada amenaza que supone el envío de un arcabuz por Hideyoshi a la corte Joseon les hace reaccionar.

Por tanto, los primeros meses de la guerra se pueden resumir en una serie de bochornosas derrotas para los coreanos: sus almirantes, al frente de flotas poderosas y capaces, prefieren huir o incluso hundir sus barcos a luchar. Sus generales, al frente de tropas mal equipadas y peor organizadas, son devorados por la máquina de guerra nipona. Para los invasores, aquello es un paseo militar: han desembarcado el 23 de mayo de 1592 y para finales de julio ya están atacando Manchuria, mientras la corte Joseon se ve obligada a huir.

La primera invasión japonesa. Fuente: TURNBULL, Stephen, Samurai Invasion - Japan's Korean War 1592-1598. Londres, Cassell & Co, 2002, página 41.

La primera invasión japonesa. Fuente: TURNBULL, Stephen, Samurai Invasion – Japan’s Korean War 1592-1598. Londres, Cassell & Co, 2002, p. 41.

La idea de los japoneses es mover su flota a la costa oeste de Corea y, desde allí, transportar sus ejércitos al otro lado del mar Amarillo para atacar China. Pero para ello les queda un último obstáculo a superar: su armada tiene que pasar por las aguas controladas por la escuadra coreana del suroeste, y por el último almirante coreano, Yi Sun-sin.

Los japoneses, a buen seguro, deben de haberse sentido confiados: hasta entonces la armada Joseon no ha hecho más que el ridículo frente a ellos, y el almirante en cuestión no es más que un desconocido con un puñado de barcos. Resulta significativo el que ni siquiera se molesten en ir a por él: preparan tranquilamente sus naves para el viaje como si no estuviera rondando por allí una flota enemiga. Eso será su perdición.

Porque Yi Sun-sin no es un cualquiera: a día de hoy se le considera como uno de los mayores marinos y guerreros de la historia, brillante en todos los sentidos. Mientras los japoneses se dedican al saqueo y a la preparación de su viaje, él está acumulando fuerzas para plantarles cara, y se halla inmerso en el diseño del barco tortuga.

Diseño y forma del barco tortuga

Según parece, la idea del barco tortuga no es del todo nueva. Las fuentes cuentan que Yi se habría inspirado en los manuales militares chinos, que hablarían del meng Chong, un antiguo junco a remo con espolón y su cubierta superior recubierta con una funda de cuero humedecido resistente al fuego, y concebido para la embestida. Combinando estas ideas con el p’anoksŏn, Yi crea el kŏbuksŏn, o barco tortuga.

Un p'anoksŏn en combate. Fuente: TURNBULL, Stephen; REYNOLDS, Wayne, Fighting Ships of the Far East (2) - Japan and Korea AD 612-1639. Oxford, Osprey Publishing, 2003, p. 30.

El p’anoksŏn, base del barco tortuga. Fuente: TURNBULL, Stephen; REYNOLDS, Wayne, Fighting Ships of the Far East (2) – Japan and Korea AD 612-1639. Oxford, Osprey Publishing, 2003, p. 30.

Como veremos, aunque hay consenso respecto a su forma básica, prácticamente cada detalle concreto genera discrepancias. La razón principal es que los barcos tortuga han sido estudiados (y hasta reconstruidos) asumiendo la veracidad de las ilustraciones que de ellos se hicieron en el siglo XVIII, generalmente muy fantasiosas.

El primer debate lo genera el número de cubiertas: mientras que un p’anoksŏn tiene dos (la inferior, para los remeros, y la superior, para la artillería y los soldados), no está claro cuántas tiene el kŏbuksŏn. Generalmente se tiende a pensar que habría continuidad, pero tanto Turnbull como los autores de Técnicas bélicas de la guerra naval apuestan por que tuviera sólo una, en la que se mezclarían remos y cañones, para así aumentar la agilidad de un barco cuyo uso principal sería la embestida.

Un barco tortuga. Nótese la cubierta única, para remeros y artilleros. Fuente: TURNBULL, Stephen; REYNOLDS, Wayne, Fighting Ships of the Far East (2) - Japan and Korea AD 612-1639. Oxford, Osprey Publishing, 2003, pp. 28-29.

Un barco tortuga. Nótese la cubierta única, para remeros y artilleros. Fuente: TURNBULL, Stephen; REYNOLDS, Wayne, Fighting Ships of the Far East (2) – Japan and Korea AD 612-1639. Oxford, Osprey Publishing, 2003, pp. 28-29.

Los barcos tortuga recuerdan a este animal, al ir su cubierta techada como protección ante los arcabuces y abordajes japoneses. Aquí viene otro detalle oscuro: la naturaleza de ese “blindaje”. Tradicionalmente se ha asumido que estos fueron “los primeros acorazados de la historia”, como suelen ser mencionados, recubiertos de planchas de hierro a prueba de artillería. Sin embargo, otros autores no ven esto muy probable: arguyen que con semejante peso no podría flotar; que los inferiores cañones japoneses apenas son una amenaza para los sólidos barcos coreanos; y que para protegerse de sus arcabuces un armazón de madera es más que suficiente. Así pues, defienden que esa protección habría consistido en finas planchas de material ignífugo. En ese aspecto, merece la pena mencionar que, sin embargo, hay varios testimonios de la época que hablan del kŏbuksŏn como un barco “con armadura”, pero también que cuando, en el siglo XIX, los coreanos se empeñaron en construir un barco tortuga acorazado éste acabó hundiéndose por el peso. Lo que sí parece más claro es que de esa protección emergerían grandes pinchos metálicos, pensados para dificultar los abordajes.

El kŏbuksŏn tendría el tamaño de un p’anoksŏn grande: entre 30 y 35 metros de eslora. Para impulsarse contaría con un par de mástiles abatibles con velas cuadradas, pero en batalla dependería de sus remeros.

Los principales debates en torno al kŏbuksŏn surgen en el campo del armamento. En general, se acepta que llevaría 11 cañones por banda, 3 en la proa y otros 3 en la popa, pero hay muchas discusiones en torno a la cabeza de dragón. Las crónicas de la época, incluso el diario de Yi, cuentan que los barcos disparaban a través de “cabezas de dragón” en la proa. Sin embargo, como dicen los autores de Técnicas bélicas de la guerra naval, el kŏbuksŏn viene siendo representado (e incluso recreado) teniendo una cabeza de dragón en la parte alta de su “caparazón”, en una posición en la que sería imposible colocarle armas. Muchos autores defienden que el verdadero propósito de la cabeza sería el actuar como una bomba de humo, mediante una mezcla química que generaría una humareda que a la vez desconcertaría e intimidaría a los japoneses; esa mezcla, además, podría ser tóxica. Los autores de Técnicas bélicas del mundo oriental desdeñan estas propuestas, y defienden un modelo en el que toda la proa de la nave tendría forma de cabeza de dragón, con los cañones disparando desde la “boca”.

Propuesta del barco tortuga de los autores de Técnicas bélicas del mundo oriental. Fuente: Haskew, Michael E.; Jörgensen, Christer; McNab, Chris; Niderost, Eric; Rice, Rob S., Técnicas bélicas del mundo oriental – 1200-1860. Madrid, LIBSA, 2012, p. 243.

Propuesta del barco tortuga de los autores de Técnicas bélicas del mundo oriental. Fuente: Haskew, Michael E.; Jörgensen, Christer; McNab, Chris; Niderost, Eric; Rice, Rob S., Técnicas bélicas del mundo oriental – 1200-1860. Madrid, LIBSA, 2012, p. 243.

No puedo dejar de mencionar que no he encontrado a nadie que defienda una teoría intermedia, que sería la posibilidad de que en la proa hubiera un mascarón con forma de cabeza de dragón desde el que dispararan los cañones; sólo aparecen así en Roaring currents, reciente película sobre la victoria del almirante Yi en la Batalla de Myeongnyang, caracterizada por una ambientación histórica casi impecable.

La otra arma del barco sería el espolón, también muy polémico. Casi todo el mundo ha asumido los defectuosos grabados dieciochescos como verídicos, por lo que tienden a creer que el espolón tendría la forma de una especie de disco o cara plana, algo que en vez de concentrar la fuerza de la embestida de la nave en un punto, más bien la habría diluido. Por eso, los autores de Técnicas bélicas de la guerra naval proponen un espolón metálico, sobresaliente y con forma de cabeza de dragón, similar a los del Mediterráneo antiguo.

Habría que glosar también el peculiar contexto naval en el que nació este barco y su utilización, pero eso lo dejaremos para la próxima entrada.

Bibliografía

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