Los monstruos de Ptolomeo IV (y 2): la Thalamegos

Ptolomeo IV, como buen monarca egipcio, es amante de las construcciones faraónicas: tras la gigantesca e inútil Tessarakonteres, toma la decisión de construir ni más ni menos que un palacio flotante, la Thalamegos.

Busto de Ptolomeo IV. Fuente: Wikipedia.

Busto de Ptolomeo IV. Fuente: Wikipedia.

La nave se inserta en el contexto referido en el post anterior: un mundo helenístico en descomposición, caracterizado por el estancamiento y la creciente parálisis a todos los niveles y en el que sus opulentos y vanidosos monarcas malgastan sus recursos en la erección de colosales palacios, obras públicas, bibliotecas o máquinas de guerra que reflejen su pretendida grandeza.

Características

La Thalamegos (θαλαμηγός, “portacámaras”) no está demasiado documentada, pero la información que hay es muy detallada. Es la que da Ateneo de Náucratis en El banquete de los eruditos, en el que recoge el testimonio de Calíxeno de Rodas.

Tamaño: se nos dice que el palacio flotante tenía “una longitud de medio estadio, y una anchura por la parte más amplia de treinta codos. Su altura, incluyendo la estructura del pabellón, alcanzaba los casi cuarenta codos”. Es decir, casi 90 metros de eslora, con unos 13 metros de manga y una altura de 17.

Interpretación de la Thalamegos de Nicolaes Witsen (1671). Fuente: Wikipedia.

Interpretación de la Thalamegos de Nicolaes Witsen (1671). Fuente: Wikipedia.

Forma:Su forma no se parecía ni a los barcos de guerra ni a los buques mercantes, sino que había sido alterada para que se adaptase a la profundidad del rio. Así pues, por la parte inferior era poco profundo y ancho, y en cambio era elevado de altura. Las partes superiores, y sobre todo la de la proa, se extendían considerablemente, y su curvatura se mostraba bien trazada. Tenía doble proa y doble popa, y se alzaba hacia lo alto, debido a que en el rio las olas se elevan a menudo muy arriba”. De aquí se infiere que se trata, como la Tessarakonteres, de un gigantesco catamarán, formado por dos galeras unidas; y que es un barco fluvial, pensado exclusivamente para navegar por el Nilo.

Comodidades y lujos:En su cavidad intermedia se habían construido los salones de banquetes, las alcobas y todo lo demás que se necesita para la vida cotidiana”. Esto no es más que la introducción a la suntuosidad de la nave; de hecho, si detallásemos esta información tendríamos para varias entradas. Nos centraremos en las actividades más destacadas que se podrían llevar a bordo:

  • Paseos: “Alrededor de la nave, por tres de sus lados, había unas cubiertas dobles de paseo. Su perímetro no era inferior a cinco pletros”. Es decir, la nave tiene habilitadas unas cubiertas dobles de cerca de 160 metros para pasear.
  • Banquetes: la nave contiene varias salas de banquetes y fiestas. Escuchemos la descripción de la mayor: “Al principio según se entraba, del lado de la popa, estaba situado un pórtico abierto por el frente, rodeado de columnas. En la parte enfrentada a la proa había un vestíbulo construido de marfil y las maderas más preciosas. Atravesando este había una especie de proscenio que iba techado. En una disposición semejante había por detrás un segundo vestíbulo, enfrentado al otro, a su vez, por la parte central, y conducía a él una puerta de cuatro hojas. A izquierda y derecha se situaban unas puertecillas que proporcionaban ventilación. Aneja a ellos se hallaba la más grande de las salas. Estaba rodeada de columnas, y tenía capacidad para veinte lechos. En su mayor parte había sido construida de cedro escita y ciprés milesio. Las puertas del recinto, en número de veinte, estaban hechas de planchas soldadas de tuya, adornadas con marfil y oro. La guarnición de clavos de su parte frontal, así como las aldabas, que eran de bronce rojo, habían sido dorados al fuego. El cuerpo de las columnas era de madera de ciprés y los capiteles, de orden corintio, estaban adornados con marfil y oro. El entablamento era de oro macizo. Encima de él iba adaptado un friso con notables figuras de marfil de más de un codo de alto, mediocres artísticamente, pero dignas de admiración por el dispendio que suponían. Sobre el salón de banquetes había un hermoso techo tallado de madera de ciprés. Sus adornos iban esculpidos, con la superficie chapada en oro”.
Otro posible aspecto de la Thalamegos. Fuente: Foro Militar General.

Otro posible aspecto de la Thalamegos. Fuente: Foro Militar General.

  • Descanso: “Junto a este salón había también una alcoba con siete camas. Unido a el había un corredor estrecho, que separaba el gineceo a todo lo ancho del sollado. En el gineceo había un salón con capacidad para nueve lechos, semejante en magnificencia al principal, y un dormitorio con cinco camas”. De nuevo, hay que reseñar que sólo se refiere a las habitaciones principales, pues hay muchas más, ya sean o no de lujo. El gineceo, estancias exclusivamente para mujeres, es algo típico de la arquitectura griega.
  • Religiosidad y celebraciones religiosas: la Thalamegos cuenta con salas para banquetes con templos de divinidades o que están consagradas a algún dios. “Subiendo las escaleras que había junto al citado dormitorio se encontraba otra sala de cinco lechos, con una techumbre en forma romboidal. A su lado se hallaba un templete circular dedicado a Afrodita, y en su interior una estatua de mármol de la diosa. Frente a él, otro lujoso salón rodeado de columnas. Estas estaban talladas en mármol índico. Junto a este salón había unas alcobas que se correspondían en equipamiento a las ya descritas. Avanzando hacia la proa había otra estancia dedicada a Dioniso, con capacidad para trece lechos y rodeada de columnas, con una comisa chapada en oro hasta el arquitrabe que recorría el cuarto. El techo se adecuaba a la índole del dios”.
  • Veneración a la dinastía: por supuesto, no se iba a dejar pasar la oportunidad de recordar la antigüedad y logros de la estirpe del rey, que así trata de reforzar su legitimidad e importancia. “En el flanco derecho de la habitación se había construido una caverna, cuyo aspecto era el de una edificación de piedra hecha de auténticas piedras preciosas y oro. En ella estaban instaladas unas estatuas de la familia real en mármol de Paros”.

Materiales: como hemos podido ver, los interiores de la Thalamegos están hechos de materiales lujosísimos, los mejores y más caros de su clase de la época: marfil, oro, cedro escita, ciprés milesio, mármol índico, mármol de Paros, etc.

Destino

La Thalamegos tendrá mucho más éxito que la Tessarakonteres, siendo usada durante dos siglos por los señores del Nilo. La última soberana helenística de Egipto, la famosa Cleopatra VII (51-30 a.C.), aún la mantiene. Schuller cuenta en Cleopatra: una reina en tres culturas que la reina y César recorren el Nilo en la Thalamegos, en compañía de un impresionante cortejo militar y civil, como una forma de afirmar la autoridad de Cleopatra sobre el país, así como su dependencia respecto a Roma. Es la última noticia que se tiene del palacio flotante.

Marco Antonio y Cleopatra, de Laurence Alma-Tadema. Fuente: Wikipedia.

Marco Antonio y Cleopatra, de Laurence Alma-Tadema. Fuente: Wikipedia.

Cabe señalar que al final, el propósito de la Thalamegos se cumplió, pero no como su creador había pensado: Ptolomeo IV quería un barco que mostrase la solidez y el poder de su dinastía, pero lo que creó fue una alegoría de la incompetencia y autocomplacencia de los reyes helenísticos, más preocupados por realizar construcciones faraónicas para promocionarse que por cambiar la cada vez peor situación de sus reinos. Prácticamente desde la muerte de Ptolomeo IV su país pasa a vivir bajo la sombra de Roma, convirtiéndose en un simple protectorado cuya independencia termina cuando los romanos así lo desean.

Bibliografía

  • De Náucratis, Ateneo; Rodríguez-Noriega Guillén, Lucía (trad.), Banquete de los eruditos, 1998, Gredos, Madrid.
  • García Fleitas, Luz María; Santana Henríquez, German, De la guerra marítima a la suntuosidad de Ptolomeo Filopátor. Cuadernos de filología clásica. Estudios griegos y europeos, 2001, volumen 11, Universidad Complutense de Madrid. Hemeroteca digital.
  • Schuller, Wolfgang, Cleopatra: una reina en tres culturas, 2008, Siruela, Madrid.
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