Los monstruos de Ptolomeo IV (1): la Tessarakonteres

El barco que siempre se asocia a la antigua Grecia es el trirreme, rápido, ligero y eficaz. Pero los griegos no siempre fueron tan mesurados ni prácticos. Durante el período helenístico tendieron a construir embarcaciones cada vez más grandes y más pesadas, alcanzándose proporciones que sólo pueden ser calificadas de monstruosas. Ptolomeo IV, uno de los soberanos del Egipto helenístico, fue quien llevó esta locura a su cénit.

Tessarakonteres - Octodracma de Ptolomeo IV

Octodracma de Ptolomeo IV, uno de los constructores navales más excéntricos de la historia. Fuente: Wikipedia.

La aparición de los polirremes.

La guerra naval griega va a sufrir muchos cambios tras las conquistas de Alejandro Magno; a su muerte, su colosal imperio es dividido entre sus antiguos generales, que se proclaman reyes y empiezan a luchar entre sí por ampliar sus territorios: durante los siguientes siglos, el Mediterráneo Oriental se convierte en una zona de guerra, en la que ninguno de los contendientes es lo bastante fuerte para imponerse definitivamente a los demás. Este es el contexto en el que surgen los polirremes, que van sustituyendo a las modestas galeras clásicas.

Como explica David Potter en La guerra en el mundo antiguo, las galeras de la época son clasificadas en función de los remos que llevan en cada banda o por el número de remeros que bogan cada remo. Los polirremes se llaman así porque, aunque suelen tener tres remos, son tan colosales que requieren un número muy elevado de remeros para manejar cada uno de ellos.

Todavía hoy no está claro por qué se construyeron estas naves, aunque no faltan teorías:

  • En Técnicas bélicas del mundo antiguo se afirma que, por un lado, la aparición de la artillería naval obliga a hacer embarcaciones mayores para poder cargar las catapultas. También influye que los reinos helenísticos tienen muchos más recursos que las antiguas ciudades-Estado y se pueden permitir naves mayores.
  • Plutarco, en una de sus Vidas paralelas dedicada a Demetrio, defiende estos barcos, al contar que los de Demetrio (con 15 o 16 remeros por banda) no sólo eran impresionantes, sino también prácticos, y que fue el ansia por imitarlos lo que llevó a la construcción de colosos inútiles.
  • Potter está de acuerdo con Plutarco: afirma que al principio la construcción de naves mayores fue efectiva y supuso un éxito tecnológico, pero que desde el reinado de Demetrio se inicia una absurda carrera por ver quién construye la nave mayor, sin tener en cuenta su aplicación práctica. Además, Potter adscribe esta tendencia a una época de decadencia política y estancamiento militar de los reinos helenísticos; explica que, para sus monarcas, el ejército y las tácticas de Alejandro son el único modelo válido, lo que hace sus tácticas tan rígidas que, para romper el impasse, recurren a armas cada vez más grandes. Ello explicaría que los griegos renuncien al uso del espolón y a la movilidad para convertir sus barcos en plataformas de infantería y artillería cada vez más similares a fortalezas flotantes.
  • Fleitas y Henríquez, en De la guerra marítima a la suntuosidad de Ptolomeo Filopátor, también hablan de una verdadera “carrera naval” iniciada por Ptolomeo II de Egipto a raíz del éxito de Demetrio y que alcanza su paroxismo con Ptolomeo IV. Pero no desdeñan la importancia de la artillería naval como motivo, recordando que sólo una quinquerreme de una cubierta es capaz de albergar diez catapultas de flechas y dos de piedras.

Pero si hay un factor admitido por todos a la hora de explicar los polirremes es la megalomanía de los reyes helenísticos. Éstos viven en un mundo de lujo, extravagancia y despilfarro en sus cortes, a la vez que son amenazados por sus vecinos fuera de ellas, por lo que construyen inmensas estructuras que a la vez reflejen su poder y grandeza y sirvan para combatir y / o intimidar al enemigo. Los polirremes no son un caso aislado, pues son contemporáneos al gigantismo de las máquinas de asedio (recuérdese la Helépolis, una torre de asedio de 42 metros de alto) y, en lo civil, a faraónicas construcciones y proyectos a mayor gloria del soberano de turno (el Faro, la Biblioteca y el Palacio Real de Alejandría son ejemplos harto conocidos).

La consigna, tan típica de las sociedades en decadencia, parece ser “cuanto más grande, mejor”. A nadie parece importarle que, pasado cierto tamaño, los barcos se vuelvan casi inmanejables; en la carrera naval lo importante es ver quién construye la nave mayor, como en otras lo es tener el palacio más lujoso o la biblioteca mejor surtida. Y esa carrera naval la gana sobradamente Ptolomeo IV.

La Tessarakonteres

Ptolomeo IV Filopátor, faraón helenístico de Egipto y gran amante del lujo y la extravagancia, decide ir más lejos que nadie y ordena construir el que será el mayor barco de guerra de la Antigüedad, la Tessarakonteres (τεσσαρακοντήρης, “nave de cuarenta remeros”).

Algunos autores antiguos dejan constancia de ella. Plutarco, en la dedicada a Demetrio de sus Vidas paralelas, dice “Tolomeo Filopátor construyó una (galera) de cuarenta órdenes, que tenía de largo doscientos ochenta codos y de alto, hasta el remate de la popa, cuarenta y ocho. Acomodábanse en ella, fuera de los remeros, cuatrocientos hombres de tripulación, remeros cuatro mil, y cabían además de éstos, en los entrepuentes y sobre cubierta, poco menos de otros tres mil”.

También se conoce el testimonio de Calíxeno de Rodas, recogido por Ateneo de Náucratis en El banquete de los sabios: “la nave de cuarenta remeros la construyó Filopátor con una longitud de doscientos ochenta codos, treinta y ocho de pasarela a pasarela, una altura hasta el mascarón de la proa de cuarenta y ocho codos, y del mascarón de la popa hasta la línea de flotación cincuenta y tres codos. Poseía cuatro timones de treinta codos de largo, y remos del banco superior, que son los más grandes, de treinta y ocho codos; éstos, por tener plomo en las empuñaduras y ser muy pesados dentro de la nave, resultaban fáciles de manejar debido a su balanceo. Tenía dos proas y dos popas, y siete espolones. De éstos, uno era el principal, los demás secundarios, algunos en las orejeras de proa”.

https://es.wikipedia.org/wiki/Ptolomeo_IV

La Tessarakonteres, junto a un soldado para comparar la escala. Fuente: Tessarakonteres, el supercatamarán de la Antigüedad.

Lo que estos autores describen es un coloso de más de 120 metros de eslora, cerca de 17 de manga y con 20 metros de altura sobre el agua (es decir, sin contar la parte sumergida). Los remos del banco superior (los más largos) miden más de 17 metros. Necesita 4.000 remeros para ser impulsado, 400 hombres de tripulación y es capaz de transportar a casi 3.000 soldados. Como otras polirremes tiene poco calado y lleva a bordo catapultas. Pero otros aspectos no están tan claros.

Uno de los inconvenientes de las naves de Ptolomeo IV es que no tenemos imágenes contemporáneas suyas, por lo que algunas de sus características son bastante oscuras. Así, la afirmación de Calíxeno de que la nave tiene dos proas y dos popas ha llevado a la interpretación de que la Tessarakonteres es un catamarán, con dos galeras unidas por un puente central, pero es algo difícil de verificar y, aunque se admita, también se desconoce si sus dos cascos estarían pegados o separados entre sí.

Posible disposición de los cascos y remos de la Tessarakonteres. Fuente: Tessarakonteres, el supercatamarán de la Antigüedad.

Posible disposición de los cascos y remos de la Tessarakonteres. Fuente: Tessarakonteres, el supercatamarán de la Antigüedad.

Otra duda viene de sus “cuarenta remeros”. Eso sólo nos dice que llevaba 40 remeros por banda, pero no hay más que indicios sobre cuántos remos manejarían o de su disposición. Generalmente se acepta que habría tres inmensos remos por banda, con tres modelos posibles:

  1. Los cascos separados, con lo que también habría bandas de remos bajo el puente. En este caso, cada una de las cuatro bandas de la nave tendría 20 remeros, 40 por cada galera.
  2. Los cascos unidos, sin espacio entre ellas para remos. En este caso, habría sólo dos bandas, cada una con 40 remeros.
  3. Los cascos unidos, con dos bandas con 20 remeros y otros 20 de reserva por si fueran necesarios.
Disposición de los remos según el modelo 1. Los números indican los remeros necesarios para bogar cada uno. Fuente: El Tessarakonteres, el barco a remos más grande de la historia.

Disposición de los remos según el modelo 1. Los números indican los remeros necesarios para bogar cada uno. Fuente: El Tessarakonteres, el barco a remos más grande de la historia.

Hay un aspecto que los escritores de la Antigüedad sí que dejan muy claro: la inutilidad de la Tessarakonteres. Plutarco afirma que “no sirvió mas que de espectáculo, pudiendo ser mirada como un edificio fijo destinado a la vista y no al uso, por ser muy difícil de mover, y aun no sin peligro”. Calíxeno, a través de Ateneo, nos cuenta su viaje inaugural, en el que queda en evidencia lo engorroso e inmanejable que resulta: se tiene que mover mediante un andamiaje empujado por una multitud, y después tirado por un remolcador, siendo necesario incluso excavar un canal para que pueda llegar al mar. En este texto, tan detallista, no se menciona jamás su uso en batalla.

En definitiva, la Tessarakonteres, tal vez la mayor embarcación de la Antigüedad, es hija de su tiempo: un navío gigantesco, inmanejable, carísimo y pomposo. En teoría es militar, pero no se ha hecho para participar en la guerra: su única utilidad en tal caso sería la de una fortaleza flotante demasiado lenta y frágil para poder funcionar adecuadamente; la Tessarakonteres existe para demostrar el poder y la grandeza del monarca que la ha mandado construir.

Bibliografía

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